Cuéntame tu historia#44: La confianza

Una mañana como otra cualquier otra Marta se levanta preparada para ir a trabajar. Es arquitecta y está haciendo una casa para Sergio Ramos. Está emocionadísima. ¡Sergio Ramos ni más ni menos! Todo en su vida es bastante perfecto. Está casada con otro arquitecto llamado Miguel y juntos tiene 3 hijos. Mónica, Mercedes y Juan. Mientras se viste, nota un pequeño dolor en el pecho, pero no le da importancia. Se lava los dientes, prepara el desayuno a sus hijos y se va a trabajar. De camino al trabajo, en el coche, le empieza a doler la cabeza y empieza a encontrarse bastante mal. No le da mucha importancia, sería que ayer estuvo mucho tiempo fuera y con el mal tiempo que hizo, debió de coger un poco de frío. Entra en su despacho y comienza a diseñar la preciosa casa que tiene en mente. Pero el dolor de cabeza va a más. No sabe cómo, pero le arde. Decide ponerse el termómetro. 39,5. ¡No puede ser! Decide que lo más sensato es irse a casa. 

Al día siguiente Marta no se puede casi ni levantar de la cama. Le duele otra vez la cabeza y le cuesta respirar. Miguel al verla decide llevarla al hospital. De camino hacia allí, en la radio, hay noticias de que un virus procedente de china ya ha llegado a Italia. Van por 50 muertos. En ese momento ni se le pasa por la cabeza que ella lo tenga. Estaba convencida de que ese virus no llegaría a España.

Llega a urgencias, le sigue costando respirar. Le tumban en una camilla y en cuanto la evalúan, separan a su marido de ella. Todos los médicos y enfermeras se visten con un traje muy raro. Al entrar, ella pregunta que le pasa, por qué no puede ver a su marido, porqué todos llevan ese traje. Esta muy agobiada y llena de preguntas y la fiebre no ayuda. Y de repente se queda inconsciente.

Al volver a abrir los ojos, le cuesta mucho orientarse. Le duele un poco menos la cabeza y se encuentra un poco mejor. Nada más pensar en ello, entra un médico en su habitación.

-Hola, soy la doctora Jiménez. Siento comunicarle que tiene el Covid 19.

– ¿El Covid 19? – pregunta Marta asustada – ¿Qué es eso?

– Es el comúnmente llamado Coronavirus – Responde la doctora. – Lo siento mucho.

En ese momento Marta no sabe que decir. Ese virus que pensaba que nunca llegaría a España ahora está dentro de ella. ¿Cómo era eso posible? La misma pregunta se hacía la doctora.

– ¿Ha estado en contacto con alguien que haya estado en china hace poco? – pregunta 

Y de pronto Marta cae en la cuenta de que hace dos meses, tuvo una conferencia en China. Se lo comenta a la doctora. Ella le dice que es posible que allí se contagiara y que presente los síntomas ahora. La verdad es una noticia bastante mala y dura de asimilar, teniendo en cuenta que mucha gente en China y en Italia están falleciendo.

Marta pregunta que qué le vas a pasar, cuanto tiempo tendrá que pasar ahí. 

Él médico le dice que tendrá que estar ahí hasta que se cure, hasta que los síntomas se le pasen. Que debido a que ella tenía asma el asunto es más grave. Por desgracia, Marta no podrá recibir visitas de nadie. Ni siquiera de su familia. ¡Su familia! Por primera vez desde que entró se acuerda de su familia. ¿Qué pasará ahora con sus hijos y marido? Cuando el médico se está a punto de ir Marta le pide que le deje su teléfono. El médico se lo da y le dice que una enfermera pasará una vez al día a ver como está. 

Marta coge el teléfono y rápidamente llama a Miguel. Él le dice que ya está en casa con los niños, que no se preocupe, que él les cuidará muy bien. Que desde casa se acuerdan mucho de ella. Que les han hecho la prueba a todos y ninguno está contagiado de Coronavirus. Que la quieren. Marta dice que ella también les quiere. Nada más colgar no puede hacer otra cosa que llorar. Llora durante un largo rato. ¿Cómo había podido acabar así su día? ¿Qué iba a hacer ella ahora sola, débil y enferma? Después de hacerse todas esas preguntas Marta se queda dormida.

Nada más despertarte a la mañana siguiente, entra una enfermera con un traje amarillo igual al que llevaban los otros médicos el día anterior. Le toma la temperatura. La fiebre no baja y a Marta le sigue costando trabajo respirar. La enfermera rellena unos papeles y le trae el desayuno, que Marta se come con dificultad. La enfermera se va y le deja sola. En ese momento Marta se da cuenta de que le espera una larga semana sola, que es lo que ella pensaba que duraría su estancia en el hospital. 

Después de cuatro días de tomar medicinas y descansar la mayor parte del tiempo, ya que estaba muy cansada, un día, la enfermera de siempre, entra en su habitación y le dice que le tiene que decir una cosa. Los casos por coronavirus están aumentando mucho, y más en Madrid, que es uno de los principales focos de contagio. Le dice que el hospital está lleno y que a partir de ahora necesitan compartir las habitaciones. En una media hora le subirán a su próximo compañero de cuarto. Al principio a Marta no le hace mucha gracia compartir habitación. Ya está suficientemente enfadada con la vida por tener que vivir esa situación de aislamiento de todo como para que ahora le pongan a un compañero. ¡Lo que le faltaba!

Pasada la media hora se abre la puerta de su habitación y entra una enfermera con una camilla. En la camilla va un señor mayor. La enfermera le deja al lado de la cama de Marta y se va. Nada más cerrar la muerta hay un silencio incómodo. Marta no sabe que decir. Lo mismo ni puede hablar el pobre hombre. Parece muy mayor. Pero Marta está decidida a al menos saber su nombre.

-Buenos días, soy Marta. ¿Usted cómo se llama? 

Hay un pequeño silencio. El anciano lleva una mascará de gas. Marta piensa que debe ser porque le cuesta respirar debido al virus. De repente el anciano se la quita con cuidado y responde.

-Francisco, pero usted me puede llamar Paco. Así es como me llaman todos. –

-Encantado de conocerle Paco. ¿Desde cuándo lleva ingresado? – pregunta Marta.

-Desde hace dos semanas. Fui uno de los primeros casos. –

-Lo siento mucho -dice Marta apenada. Ella, que está cansada de haber estado aislada durante solo 4 días, no se quería ni imaginar lo que debía de haber pasado el pobre hombre.

Después de esa pequeña introducción, Marta y Paco hablan durante largas horas, aunque a veces con algún que otro parón, ya que a Paco le costaba mucho respirar. Al fin y al cabo, Marta pensaba que el tener un compañero de habitación no era tan malo, sino algo bueno. Le ayudaba a no pensar en su enfermedad o en su familia. Paco le había contado en una de sus muchas conversaciones que había sido militar cuando era joven. En concreto piloto de avión. También estaba casado con una bellísima mujer de ojos claros, según la había descrito él, llamada Carmen. Por desgracias había muerto cinco años antes. Tenía dos preciosas hijas y un hijo. Todos casados y con hijos, pero vivían fuera de España. En Tailandia, China y Estados Unidos concretamente. Les echaba mucho de menos. Después de esa conversación Marta se dio cuenta de que estaba Paco estaba completamente solo, por lo que debería de estar muy asustado, mucho más que ella. Sintió todavía más lástima por él. Pero él no parecía estar triste. Marta estaba alucinada por su sonrisa constante, no podía más de la curiosidad y se lo preguntó. Nadie podía ser tan feliz en sus circunstancias. 

-Perdone Paco, no entiendo como puede ser usted tan feliz, con todo lo que le ha pasado y estando en las circunstancias en las que se encuentra. –

-Es muy sencillo Marta. –

– ¿Sí?, pues por favor, ¡dígame que es! – Estaba claro que Marta deseaba saber como ser igual de feliz que Paco.

– ¿Usted cree en Dios? – pregunta Paco. Esa pregunta deja un poco sorprendida a Marta. 

– ¿Dios?, ¿Qué tendrá que ver Dios con todo esto? – piensa Marta extrañada y contesta

– Más o menos, sé que existe, pero nunca me paro a pensar en Él. – Responde 

– ¿Más o menos? – pregunta Paco- no se puede creer más o menos. Lo que te pasa es que sabes que Dios está ahí, pero te da miedo encontrarlo. 

Marta se queda esta vez sin palabras. ¿Cómo se atrevía a decirle eso? Él no la conocía. Pero en el fondo Marta sabía que tenía razón. Y de repente se acuerda.

– ¿Y cuál era su secreto para estar tan feliz? – Marta pregunta a Paco.

– La Confianza. – responde Paco

– ¿En quién? – pregunta Marta confusa

– En Dios está claro.

Para Marta no estaba nada claro. A Marta le está volviendo a subir la fiebre. Se da la vuelta e intenta descansar. Mañana ya seguiría con esa conversación, pero no deja de darle vueltas a lo que le ha dicho Paco.

Al día siguiente, Marta y Paco tienen una larga conversación sobre Dios. Paco le cuenta todo acerca de Él. Cómo nos creó, por qué nos creó, que es la Iglesia, La Virgen, la Santísima Trinidad etc. Todo se lo cuenta con tanta dulzura y pasión que Marta esta asombrada y desea saber más y más. 

Llegado a un punto de la conversación, Marta le pregunta por qué ese Dios de Amor infinito y bondad absoluta permite que haya sufrimiento en el mundo y enfermedades como las suyas. Y Paco le da una respuesta a la que Marta nunca habría llegado sola.

-Dio no es que permita el sufrimiento. El sufrimiento y el dolor forman parte del mundo desde el pecado original. Dios hizo libre al hombre para amarle y estar con Él ya que, si los hubiese obligado, no sería un amor verdadero ya que no habría libertad. Y si el hombre decide empezar una guerra o matar a alguien es porqué está empleando su libertad de manera equivocada. No podemos culpar a Dios de los pecados del hombre. – dice Paco

– Entiendo. – responde Marta – Tiene sentido. –

La verdad, le estaba empezado a gustar ese Dios del que hablaba Paco.

-Además Dios siempre está con nosotros. Lo creamos o no. Solo hay que tener fe y lo más importante. Confiar. Él da sentido a mi vida. Nunca estoy solo, aunque por fuera lo parezca. – le dice Paco.

Un par de días después una enfermera se lleva a Paco. Estaba empeorando mucho y le quedaban unas pocas horas de vida. Marta se despidió de él y se volvió a quedar sola en la habitación muy triste.

Pasadas unas horas decide rezar a Dios, algo que semanas antes jamás hubiera pensado hacer. Le reza con mucha fuerza, le pide muchas cosas. Pero sobretodo que la perdone por haberle apartado tantos años. En ese momento Marta no siente nada. Al día siguiente vuelve a repetir sus oraciones y en el momento en el que pide perdón nota un calor y una alegría dentro de ella incapaz de explicar. Desde ese momento decide no volver a olvidarse y a confiar en Él siempre.

Días después, su enfermedad empeora. Le dicen que le deben operar de urgencias. Que la operación es peligrosa, pero Marta no está nada nerviosa. Tiene una paz interior increíble. Confía en Dios.

Nada más despertarse, le dicen que la operación ha sido un éxito. Un milagro.

Ella sabe lo que le ha salvado. La Confianza.

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