Cuéntame una historia #13

Había pasado una semana desde mi décimo octavo cumpleaños, aún salían fotos en las revistas de la increíble fiesta que me habían preparado mis padres. Sin duda, fue el mejor día de mi vida, asistieron más de 300 personas, estaba rodeado de todos mis amigos, comida buenísima, regalos preciosos, música, bailes, todos parecían estar pasándoselo genial, incluida yo, por supuesto.

Pero de todo ello, el regalo que más ilusión me hizo fue el velero que compró mi padre para ir a navegar todos juntos, por la costa italiana en verano. 

Pasaron los meses y por fin llegó verano. La mañana anterior a salir el avión fue realmente catastrófica, no sonó el despertador a la hora, mis padres estaban al borde de un ataque de nervios, llevábamos soñando con este viaje mucho tiempo. A mis padres siempre les ha gustado mucho viajar, especialmente por mar, cruceros, submarinos… el mar es algo que realmente nos fascina a toda la familia! 

Cuando llegamos al aeropuerto fue horrible, habíamos perdido el avión, nos tocó esperar 4 horas allí a que saliera otro con destino a Italia. En el avión empecé a pensar un poco en el último año, acabábamos de llegar a España, hacía apenas 5 meses que nos habíamos mudado, mi padre es diplomático y hemos estado estamos trasladándonos de país en país constantemente. 

Soy la segunda de una familia de 5 hijos, por si no lo había mencionado aún. 

El viaje fue realmente corto pero como he dicho estuve pensando, pensando mucho en que en realidad ya era mayor de edad, podía ser ya independiente, irme de casa… en fin, era una persona igual de legal que mis padres en ese momento.
Nada más aterrizar cogimos el taxi que nos llevo al puerto donde se encontraba nuestro velero. El velero era precioso y grande, metimos el equipaje dentro y mis padres fueron a comprar algo de comida, pensábamos dormir en el barco unos días así que había que comprar alimentos, productos de aseo, de cocina… etc.

Después de aproximadamente tres horas preparando todo, salimos del puerto, empezamos a navegar por la costa italiana, no teníamos pensado movernos de ahí, es una costa que a mis padres les trae muchos recuerdos de su juventud, de cuando eran ellos los que viajaban con sus padres y amigos. 

Nosotros siempre hemos sido una familia muy unida, quizás derivado de la vida que hemos llevado, principalmente por el trabajo de mi padre. Mi madre no trabaja, cuida de mis hermanos pequeños y bueno ayuda a mi padre de vez en cuando. Como he dicho antes, mi padre es diplomático, por lo que hemos vivido en muchos sitios y al final eso te une a tu familia, te acostumbras  a dejar amigos y te agarras a los tuyos, porque es lo único que tienes al llegar a un país nuevo, al principio todo eso se hace difícil, sobre todo para mí y para mi hermano mayor a que nacimos en España cuando mi padre no necesitaba viajar, hasta que cuando cumplí 7 años y mi hermano 9 , que ascendieron a mi padre y tuvo que empezar a moverse. Éramos pequeños pero todavía recuerdo lo que me supuso alejarme de mis amigas, profesores, abuelos… Luego tengo 2 hermanos mellizos de 5 años y una bebé de 7 meses. Ellos son pequeños todavía para darse cuenta de lo que supone el estar cambiando de cas y país cada cierto tiempo, sin embargo han nacido así, no saben lo que es vivir de otra forma, no les supone un cambio de vida, creo que les costará mucho menos. 

La primera noche en el velero fue horrible, ninguno podía dormirse porque mi hermana no paraba de llorar, el velero no es pequeño sin embargo las paredes no son de hormigón, se oye todo. Al día siguiente hizo un día espléndido, entraba una luz preciosa por la ventana, eran como las 10 y ya toda mi familia estaba despierta. Desayunamos algo rápido y nos fuimos a hacer buceo, a mí siempre me ha dado mucho respeto el mar, sobre todo estando tan alejados de la costa. Es impresionante la cantidad de peces que hay por ahí, el agua tibia y los peces de colores, mis hermanos se quedaron con mi madre mientras yo iba con mi padre y hermano mayor un rato, aunque luego yo subí al barco a hacerle el relevo. 

Para comer atracamos el barco y bajamos a comer a Venecia, esa es la razón principal por la que no nos movemos de la costa italiana, al tener hermanos pequeños mis padres creen que embarcarse en un viaje sin pisar tierra durante mucho tiempo es imposible, por eso nos gusta bajar a comer o a comprar de vez en cuando. 

Al día siguiente nos fuimos a unas rocas a tirarnos desde arriba, el subidón de energía que te da al tirarte desde ahí, creo que es algo indescriptible. Así estuvimos el resto de días, haciendo distintas actividades y repitiendo nuestra favorita, el buceo, hicimos entre otras, ski acuático, submarinismo, montamos en motos acuáticas y también fuimos a unos hinchables infantiles en la playa para mis hermanos pequeños. 

Fue el quinto día cuando todo cambió, el velero era nuevo, era la primera vez que lo usábamos y mi padre se acababa de sacar el carné de barco, hubo en Italia un apagón, nuestros móviles dejaron de funcionar, igual que los ordenadores, hasta el microondas, la vitroceramica, todo lo que no era manual, dejo de funcionar. Estábamos dormidos cuando esto ocurrió y tampoco nos dimos cuenta hasta la mañana siguiente, yo me iba a hacer unas tostadas y me di cuenta de que la tostadora no funcionaba, no tenia servicio en mi móvil, mi padre no podía calentar el biberón de mi hermana, todo era incómodo. El velero tiene una especie de motor, no es un velero tradicional porque nos dijeron que para manejar esos hay que tener experiencia, y nosotros por ahora no teníamos. Cuando ocurrió el apagón, el motor del barco también se apagó, el vendedor del barco, no nos explicó que podíamos hacer en este caso porque era un caso muy remoto, había un 1% de posibilidades de que pasará, por tanto en ese momento no sabíamos qué hacer. 

Parece mentira pero sí, en pleno siglo XXI estuvimos tirados en medio de la nada durante 3 días sin saber que hacer, no teníamos en material necesario para salir de allí, y tampoco podíamos ir nadando a la orilla. Durante esos días no hacía otra cosa que pensar, pensar que de verdad qué es lo importante u qué no, era eso lo único que tenía cuando no tenía nada, es la familia lo único imprescindible en tu vida, llegué a la conclusión que esas serían las únicas personas con las que podría aguantar estar en una   situación así.

Y de pronto me di cuenta de que no conocía suficientemente  a mi familia, estuvimos hablando mucho tiempo, tampoco había mucho más que hacer por lo que eso nos llevaba a hablar y hablar, a jugar a juegos que no habíamos jugado nunca, me di cuenta de que pasamos tanto tiempo en nuestro mundo que solo cuando no nos queda otra opción, que convivir todos en el mismo lugar y sin ningún otro entretenimiento es cuando nos conocemos realmente. 

Un helicóptero que pasaba por ahí nos vio y dio la voz de alarma, vinieron a rescatarnos y a llevarnos a tierra. Fuimos directos al aeropuerto, el velero se quedó en Italia para la reparación, pues la avería era sería.

Al llegar a Madrid, les conté toda la aventura del viaje a mis amigos, no se lo podían creer, que un viaje tan preparado con todo lujo de detalles, hubiéramos pasado tres días tirados en alta mar, parecía algo surrealista. Realmente pensándolo ahora, me doy cuenta de que fueron esos 3 días los que más me gustaron del viaje, conocer de verdad a mi familia fue algo maravilloso e impredecible porque nadie se esperase que eso pasara. 

Fue en esa situación cuando te das cuenta de lo que de verdad importa, no es el hecho de tener el mejor barco o hacer el mejor viaje, si no de quién es capaz de disfrutar en cualquier situación y sacra lo mejor de todo por complicada o decepcionante que sea la situación, éramos 7 personas, 24 horas durante 3 días y sin embargo no hubo ningún momento en el que me sintiese sola, todo lo contrario, me sentía mas protegida que nunca, éramos una piña de verdad. 

Desde ese día, hemos pactado toda la familia, que todos los años repetiremos esos 3 días de “marginación social” vamos a llamarlo, directamente en nuestra casa y la verdad es que el mes de antes siempre estamos deseando que lleguen esos días. No nos damos cuenta de lo importante que es compartir el tiempo con quien de verdad te importa y quieres, aunque los veas a diarios, es necesario a veces pararte a pensar en ello. Yo soy de las que piensan que nada en esta vida pasa por casualidad, todo tiene un porqué, y eso me hace pensar que por mucho que viaje con mi familia a distintos países, por muchos lujos que compartamos, si no nos proponemos pasar tiempo juntos, hablando y escuchándonos, no nos conoceremos de verdad, perdiéndonos cosas importantes, corriendo el riego de llegar a ser completos desconocidos aunque compartamos el mismo techo. 

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