Cuéntame una historia #15: el destino de Enma

El destino de Emma

Todo empezó con una chica que desde muy pequeña viajaba por todo el mundo debido al trabajo de su padre. La niña nunca opinó nada, todo le parecía bien, todos los viajes, los cambios de países, la gente nueva. Al principio era demasiado pequeña para entender todos estos cambios y se dejaba llevar por sus padres como cualquier hijo, pero a medida que iba creciendo y teniendo sus emociones y opiniones sobre la vida que estaban llevando. Nunca dijo nada en contra de ello porque veía felices a sus padres y no quería que perdieran el trabajo que tanto les gustaban. Pero ¿ella era feliz? ¿le debería contar a sus padres lo que pensaba y lo que sentía?

La niña se llama Emma y ya tiene 18 años, casi terminando el colegio. Es de media estatura, pelo castaño, ondulado y por debajo del hombro. Tiene una hermana mayor llamada Azu que se quedó a estudiar arte en Europa y terminó viviendo en París. Su padre, Guillermo, es arquitecto, también le interesaba un poco el tema de la medicina y estudió un pequeño curso como aprendizaje, aunque quería dedicarse a la arquitectura.  Y su madre, Lidia, dejó su antiguo trabajo que no le gustaba y empezó a dedicarse a su pasión, la moda y crear su propia línea de ropa y tienda online, que llegó a ser muy conocida. 

Vivieron en Nueva York, Canadá, Australia, Praga, Francia, y ahora estaban viviendo en España, pero no por mucho tiempo ya que se iban a mudar a Italia. Por suerte, a Emma siempre le gustó mucho el italiano y lo aprendió fácilmente. Pero le dolía mucho volver a dejar otro sitio, y a sus amigos que tenía en España. Intentaba ser un poco cerrada, no encariñarse mucho con la gente porque sabía por lo que iba a pasar después, pero le costaba mucho porque era una persona abierta, amigable y muy cariñosa.

Se mudaron a Italia en noviembre, su casa se encontraba en Bari. Desempacaron y ordenaron todo distribuyéndolo en la casa de dos pisos. Al entrar en la casa había un pasillo que llevaba directamente al salón con un gran ventanal que dejaba ver el mar. A la izquierda del salón se encontraba la cocina, con un estilo moderno. A la derecha, estaba la escalera que llevaba a la planta de arriba donde se encontraban las habitaciones. Había dos habitaciones, cada una con su respectivo baño. Además, había una sala de estar, que también podría servir como habitación de invitados con un sofá cama y un pequeño cuarto de baño. 

Al día siguiente fueron al colegio. Fue un día normal, aunque le estaba costando un poco acostumbrarse, pero ya había conocido gente que la estaba ayudando y Emma se decía a sí misma que no se encariñara, aunque ella sabía que iba a ser muy complicado que eso no sucediera.

Pasaron los días. Se hizo muy amiga de una chica llamada Cleo y tenían un grupo de amigos muy extenso. Uno de los chicos del grupo era el hermano del Cleo, Luka y también se llevaba muy bien con Emma. Lo que les encantaban a los tres era que ellos eran vecinos.

Al pasar los meses, ya se conocían muy bien y habían visitado mucho Bari para enseñárselo a Emma y ya casi venían las vacaciones de Navidad. 

Al estar casa con casa se pasaron casi todas las vacaciones las dos familias juntas. Y en año nuevo, después de tomar las uvas en familia, tenían los tres una fiesta, en casa de una amiga del grupo, a la que estaban invitados todo el curso.

Después de las vacaciones, empezaron a mencionar en las noticias sobre un virus nuevo llamado Covid-19. Era un virus como cualquier otro, el único problema que lo hacía distinto y un poco más peligroso es que se expandía con mucha facilidad, por ende, muy rápido y exponencialmente.

Al pasar unas semanas la situación no mejoraba, al contrario. Por ello, decidieron poner en cuarentena a toda la población y suspendieron los colegios. 

Durante esos días hicieron vida normal, tuvieron las clases por internet. Para ellos tres no estaban tan mal en cuarentena ya que eran vecinos, además los balcones de sus habitaciones daban enfrente a la de Emma, por lo que podían hablar entre ellos, estudiaban juntos y se divertían mucho. Ellos estaban tranquilos, se pensaban que no llegarían a pasar por nada del virus, pero no fue así, la madre cayó enferma por el Covid-19.

Lidia se encontraba muy mal, tenía un fuerte dolor de cabeza como si le fuera a explotar. Guillermo llamó rápidamente a urgencias. Vinieron en seguida y se llevaron a Lidia al hospital. Estaban todos muy preocupados. No dejaban visitarla, únicamente podían saber de ella a través de la llamadas, pero eso no le bastaba a su familia. Querían estar allí con ella, cuidarla, apoyarla. Pero no podían y aunque les costara mucho quedarse en casa sin poder estar al lado de Lidia, lo iban a hacer, para protegerla a ella y a todos. Estuvo unos días en el hospital y Lidia no mejoraba, le costaba muchísimo respirar. 

Una noche llamaron a Guillermo del hospital, enseguida cogió el teléfono y escuchó lo que le tenían que decir los médicos. Empezó a llorar. Le estaban diciendo que Lidia no estaba recuperando, que cada vez le costaba más respirar. Guillermo les hacía preguntas sobre ella, sobre cómo la estaban ayudando, qué hacían los médicos e intentaba pensar alguna solución que la pudiera ayudar con la información que le estaban dando, aunque fuera la mínima idea ya que él sólo sabía un poco de medicina por el curso que hizo. Los médicos intentaban animarle, pero no le podían dar esperanzas porque no sabían lo que podía suceder. 

Mientras Guillermo estaba hablando por teléfono, Emma estaba escuchando a escondidas lo que su padre decía e intentaba entender la conversación. En el momento que preguntó por su madre, su padre se echó a llorar y por la que pudo oir de la conversación al teléfono, sabía perfectamente todo lo que ocurría sin necesidad de escuchar lo que decían desde el hospital.

Cuando su padre terminó la llamada, se fue corriendo a su habitación y se echó a llorar desconsoladamente. Lo único que quería hacer era salir de ahí, correr, desahogarse, gritar. Pero no podía salir, debía quedarse en casa. Al final, tumbada en la cama, mirando hacia la ventana, viendo las estrellas y la luna, sin darse cuenta terminó quedándose dormida. 

Al día siguiente despertó y lo primero que hizo fue hablar con sus mejores amigos por el balcón. Les necesitaba. Necesitaba estar con ellos, soltar todo lo que sentía y tenerles cerca. Eso le ayudó mucho a Emma, tenerles a su lado cuando más los necesitaban, que la escuchasen y que la distrajeran. Aunque seguía apagada, decaída, las bromas y chistes malos de Luka y los comentarios extraños, locos y desconcertantes de su amiga Cleo le hacían animarse. 

Más tarde, volvió a escuchar a su padre hablar por teléfono. Escuchó que le estaban comunicando el estado de su madre, que aún le costaba mucho respirar pero que estaba mejor que anoche y también le dijeron que podía ir a verla, aunque sólo podía ir él ya que no podían ir dos personas en un mismo coche y cuanta menos gente vaya al hospital mejor. Su padre intentó mucho convencer a los médicos que dejaran que su hija fuera con él, que fuera a ver a su madre y aunque a los médicos les doliera prohibírselo debían hacerlo ya que estaban obligados a ello. A Emma no le gustaba esa idea y se le ocurrió un plan para ver a su madre. Nada ni nadie podía evitarlo, nadie sabía lo que la iba a pasar. Fue a su habitación y unos pocos minutos más tarde entró su padre para explicarle la situación. Cuando salió de su habitación fue al lavabo a terminar de arreglarse para salir y en unos minutos estaba listo para ir a ver a Lidia. 

En el coche, de camino al hospital. Guillermo creyó escuchar algo en el maletero, como un quejido, pero lo dejó pasar pensando que fue algún sonido del coche a causa del bache. Pero lo que él no sabía es que Emma se había metido ahí mientras su padre se terminaba de cambiar para ir al hospital. 

Al llegar, Emma se dio mucha prisa en salir del maletero sin que su padre la viera. Lo que no pensó es en que no podía entrar al hospital sin que la vieran y menos cuando acababa de escuchar que su padre tenía que pasar por una sala para desinfectarlo y ponerse el traje de protección antes de ver a su madre. 

Pero llegó a escuchar también la habitación en la que se encontraba su madre y tuvo mucha suerte porque podría verla, aunque no podría abrazarla. Su madre se encontraba en la planta baja, por lo que no debía subir ninguna escalera hasta su habitación y coincidía con que daba a la parte trasera del hospital. Emma al saber esa información se dirigió rápidamente hacia allí para encontrar a su madre. Cuando se encontró allí, buscó su habitación y una vez allí se asomó a la ventana. La hizo señas para que la viera y cuando Lidia se giró, las dos se echaron a llorar. Justo en ese momento entró su padre y se sorprendió mucho al ver a su hija, pero no se enfadó, disfrutaron mucho ese momento que tenían los tres juntos. Se iban haciendo señas para comunicarse con Emma allí fuera o cuando era complicado se enviaban textos. Llegó ya la hora de despedirse, la hora de visitas ya había terminado y se tenían que ir. Se despidieron de ella, aunque con mucho dolor. Al volver estaban tristes, pero a la vez felices porque habían podido estar tiempo con ella y la habían visto mejor, más animada de lo que le dijeron los médicos anoche. Pasaron unos pocos días y volvieron a llamar a Guillermo con una noticia para darles. Estaban muy nerviosos porque podía pasar cualquier cosa y tenían miedo de que les dieran la noticia difícil. Los médicos empezaron a hablar sobre lo que le estaban dando de medicación, las revisiones, etc… y por fin les dieron la noticia esperada, su madre estaba mucho mejor, ya podía respirar y estaba fuera de peligro de muerte por completo. Debía de quedarse unos días más para terminar de recuperarse del todo, pero estaba bien. Fue una gran alegría. Emma no esperó más para contárselo a su hermana Azu y a sus amigos. Cuando habló con ellos, Luka y Cleo no pudieron aguantarse más, se miraron entre ellos y saltaron al balcón de enfrente para darle un gran abrazo a Emma por la gran noticia. Eso era lo que más necesitaba Emma en esos momentos. 

Cuando su madre ya pudo volver a casa la abrazaron con todas sus fuerzas y la sorprendieron con la llegada de Azu de París. Estaban todos juntos y muy contentos. Y Emma tuvo fuerzas para hablar con sus padres sobre lo de viajar tanto y decidieron quedarse ya a vivir allí con todos sus nuevos amigos y nueva familia.

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