Cuéntame una historia #24: Una casualidad de la noche

Una casualidad de la noche

No me puedo creer que al final haya decidido ir a la fiesta. Soy una persona que disfruta la tranquilidad del silencio y de mi propia compañía. Y no sé cómo, pero mis amigos me han terminado convenciendo, aunque hay que admitir que terminar el curso y que comiencen las vacaciones de verano son motivo de pasarlo bien . Lo que pasa con esta fiesta en concreto es que va demasiada gente y terminan siendo una locura, hay personas que la disfrutan mucho y otras que no hacen otra cosa que mirar la hora que es para poder marcharse. Recuerdo a la última fiesta que fui, que antes de que me fuera llegó la policía, no me he estresado tanto en mi vida.

Al llegar a la fiesta saludo a las personas que conozco y me quedo hablando con Tomás,  un amigo que no veía de hacía mucho. De repente la veo, una chica alta, morena, con el pelo recogido en una coleta y vestida con un vestido de flores; tenía una sonrisa que iluminaba sala. Le pregunté a mi amigo quien era ella, me dijo que se llamaba Elisa y que era muy simpática. Acto seguido decidió presentármela.

-¡Elisa! Te acuerdas de mi, vamos juntos a varias clases.

-Claro, vas a  mi clase de antropología- me miró- ¿Y tú quién eres?

– Soy Federico, un amigo de Tomás- me presente dándole dos besos, y ella me dio una de sus bonitas sonrisas- Te habían dicho alguna vez que tienes una sonrisa preciosa.

Ella se sonrojó y soltó una risita- Así que has venido a coquetear conmigo.

-Lo digo enserio – dije

-Seguro eso se lo dices a todas.

Le pregunté si le gustaría salir fuera al jardín a conversar que por culpa de la música no la escuchaba bien. Juntos nos dirigimos afuera donde había una poca multitud de gente y se podía hablar tranquilamente. Empecé a hablar dejando mi timidez a un lado.

– ¿Qué estás estudiando?

-¿Qué crees que me pega?

– Seguro que estudias algo de letras.

-Vale, vas por buen camino.

-¿Algo de economía? – ella puso una cara de horror, me reí- No, ya sé, estudias algo de humanidades puras. Algo como…literatura.

-¿Cómo lo has adivinado? Seguro lo has supuesto porque estudió las mismas asignaturas que Tomás. Ahora yo adivino. Tienes cara de ser perfeccionista – No iba por mal camino- y extremadamente organizado. ¿Algo de ciencias tecnológicas?¿Ingeniería, física?

-Casi,  estoy estudiando arquitectura. Aunque te voy a confesar que desde siempre he querido ser artista.

-¿Y por qué no lo eres?

-Porque soy un cobarde y nunca fui capaz de admitir que quería ser escultor y pintor, siempre lo he tenido como pasatiempo; pero nunca me he admitido que podría tener un futuro en eso. Pero también tengo que admitir que la arquitectura es todo un arte.

-Suenas tan melancólico, es triste escuchar como te has dado por vencido en tus sueños.

-Bueno queda mucho tiempo para intentar cumplirlo, ¿cuál es tu sueño?- Le pregunté para cambiar de tema, no me gustaba hablar de mi sueño fallido porque todavía tenía la esperanza de cumplirlo..

Se quedó en silencio un rato, reflexionando, hasta que dijo- Mi sueño es tener una vida feliz.

-Eso es muy general.

-Pero es la verdad quiero tener una vida, que cuando sea vieja mire hacia atrás en el tiempo y vea lo bien que la he aprovechado, una de las cosas que más miedo me da es perder el tiempo.

-A mi me da miedo ser olvidado, aunque supongo que hay un punto donde siempre quedamos olvidados no importa cuánto bien hayamos hecho en este mundo.

-¿Tu no piensas que hay una vida después de la muerte? Eso justo a mi no me asusta porque nos dirigimos algún lugar, porque sino esto no tiene sentido.

-Entonces tu deseo de aprovechar la vida, ¿en que se basa?

-En que una vida después no será igual a esta, será una vida en el más allá; y no podría pensar en que he desaprovechado mi vida en la tierra. Sinceramente yo creo que no vas a ser olvidado, de este rato que te conozco, creo que eres una persona que marca a las personas; y creo que es por tú mirada. Tienes una mirada de artista, que observa a su alrededor y se fija en cada detalle, es interesante. Seguro si te pido que me describas lo sabría hacer perfectamente.

-¿Cómo has podido darte cuenta de todo eso con solo hablar un rato? Tu también eres muy observadora.

-Supongo que ambos tenemos características de personas que les gusta el arte.

-Supongo que si.

Nos quedamos en silencio, pero no era uno de esos silencios incómodos de no saber qué decir, sino era un silencio agradable que comportes con una persona que te importa. Nunca había conocido a nadie como Elisa, era como si estuviéramos destinado a conocernos tenía un presentimiento con ella. Parecía que la conocía de toda la vida.

-Elisa, ¿tú crees en el destino?

-No creo en la casualidad de las circunstancias. ¿Por qué me preguntas?

-Porque, aunque yo no creo en él, me parece que nuestros caminos estaba destinados a cruzarse.

-Que profunda ha sonado esa frase – los ojos le brillaban cuando le gustaba algo que le decía, a pesar de tener unos rasgos comunes, tenía una belleza única. Me gustaba hablar con ella y conocerla.

-Pregunta aleatoria, ya que estas estudiando literatura, ¿cuál es tu libro favorito?

-La verdad es que no tengo un libro favorito, pero sí puedo decirte que me encanta los libros sobre el amor, soy una romántica perdida. ¿Crees en el amor verdadero?

-Yo creo en que cada persona tiene a su propia persona, pero no en el sentido de tu media naranja, más bien en la persona que te complementa; aunque también depende del momento porque nosotros cambiamos y a veces a alguien que quisiste ahora no la ves igual- me gire para ver su cara, y tenía cara de sorpresa.

-Yo pienso igual que tú, pero literalmente eso. Que curioso. A veces pienso que nunca voy a encontrar a esa persona, sabes, es como un pensamiento que siempre aparece por mi cabeza.

-Te entiendo. A veces siento que vivo en mi burbuja personal, y nunca voy a encontrar a alguien con quien compartirla, a alguien que encaje. Y por eso tiendo a estar solo.

-Eso es muy contradictorio. Tiendes a cerrarte a los demás por que crees que nunca vas a encontrar a alguien- me dijo con un tono de confusión.

-Claro  que no, me estoy acostumbrando a estar en soledad.

-Pero, conmigo no te cierras.

-Tu eres diferente. Sabes ese sentimiento de que puedes confiar en una persona aunque no la conozcas; bueno tengo ese sentimiento contigo.

Ella me miró y me sonrío. Creo que nunca había sentido nada así por nadie.

Y de repente alguien gritó el nombre de Elisa, y volví a la realidad. Estábamos en una fiesta, habíamos terminado aislados en nuestra propia realidad. Deben de haber pasado horas aunque han parecido segundos.

-Federico, creo que me tengo que ir. Le había prometido a mi amiga que nos iríamos juntas a esta hora. Me encantado compartir esta noche contigo, espero volver a verte algún día.

Me sorprendió dándome un beso y se marchó de mi vida para siempre.

Por alguna razón más nunca la volví a ver. Siempre la recuerdo, como si esa noche hubiera pasado el día anterior. Me arrepiento tanto de no haberle pedido que se quedará, creo que ella era mi persona, pero por lo menos compartí unas horas y quién sabe si se volverá a cruzar en mi camino.

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