Cuéntame una historia #29: memorias de mi familia

Diario.

Martes 8 febrero1940 (yo)

El gallo cantó, solía cantar siempre a la misma hora de la mañana (o eso creía yo que no tenía reloj) 

Ya llevamos un año en el que no hacemos vida normal. Empezó la guerra cuando yo tenía 7 años. Me acuerdo de la noche del 5 de enero de 1939 como si fuera ayer mismo.

Me desperté por un ruido ensordecedor, alguien había tirado la puerta abajo. Bajé las escaleras y me encontré tres hombres vestidos de uniforme. Los reconocí, eran soldados alemanes. Busque con la mirada a Josèphine pero no la encontré, escuche sus gritos. Los soldados la arrastraban escaleras abajo. Entendí lo que querían. Les ofrecí todos mis juguetes, se la llevaban. Aún recuerdo las palabras con las que nos dijo que se la llevaban con ese acento alemán tan fuerte. Mi madre lloraba sin consuelo en los brazos de mi padre.

Intente agarrar a alguno de los soldados, les prometí que me portaría bien, les ofrecí mi reloj.

Estaba prohibido hablar de esto en casa hasta que no volviera mi padre con Josèphine. Me llama mi madre tengo que ir.

-¿Qué hacías? ¿Estabas otra vez con ese estúpido diario?

-Mamá, necesito hacer algo.

No soporto ver a mi madre llorar ni gritarme. Desde que papá se fue a buscarla y los hermanos se alistaron para acabar la guerra, nos hemos quedado en casa mi hermano pequeño, la pequeña y mamá. Ojala algún día mi hermano pequeño llegue a ver la preciosa Vendée, cuando ya haya finalizado la guerra. Que podamos jugar, y que conozca a Éric, nuestro hermano mayor, y a Josèphine. A mi hermana pequeña se la quisieron llevar de enfermera los franceses. En la escuela no fue alumna ejemplar en cuanto a conocimiento sanitario, por lo que a los diez días volvió. Estuvo un largo periodo en cama, había visto las heridas que hacia la guerra a las familias.

Martes 6 mayo 1940 (Joséphine)

Me metieron en un camión oscuro y frío. No era la única a la que le habían arrancado de sus familias. El camión estaba repleto de niñas como yo, jóvenes. Reconocí algunas caras de la escuela, nos mirábamos y callamos. Nadie quería romper el silencio que estábamos obligadas a mantener por los soldados.

Nos paramos. Pensé que quizás nos liberaban, ¡que ingenua! Montaron a más niñas, esta vez incluso alguna señora. Llegamos a la base militar y nos guiaron entre amenazas a unos barracones donde dormiríamos.

Llevamos en los barracones año y medio, alguna ya ha tenido el niño. Los niños que se llevarán para el ejército nazi o los venderán a cambio de suministros.

Ojalá yo tuviera ahora una amiga.

Sábado 24 junio (Pierre, padre)

 Esa noche, la noche que me robaron a mi niña, germinó la semilla de la ira y la venganza, las mismas que junto con la esperanza me mantiene hoy en pie, un año después, con la ilusión de encontrarla un día y llevarla a casa conmigo.

Cada mañana me despierto pensando en mi mujer. La dejé sola con nuestros hijos. No sé si los mayores se habrán alistado,

Hace un año partí con la esperanza de que la guerra terminaría, que era solo una pequeña batalla. Tengo miedo, la última a la que se parece fue la que se llevó a mis padres.

Todo este tiempo me he refugiado en un almacén de ropa, hasta que se dieron cuenta que cada mes un lote salía más vacío, me cogía un poco para mí y mandaba a casa.

Mi siguiente alojamiento fue una cueva. Era tan fría y húmeda que no habría sobrevivido una semana de lluvia. Ahora me refugio en un monasterio en ruinas. Cuando llegué seguía el Abad, estaba quemado igual que el monasterio. Busqué más monjes, los jóvenes han huido, me dijo el Abad. Yo me he quedado aquí, en mi casa. En esto murió. Nunca se me había muerto nadie en los brazos. Durante una semana no pude hacer otra cosa que pensar en el monje, que murió sin ninguna preocupación ni nada que hacer. Yo no voy a morir hasta que llegue a casa con Josephine, me dije.

Lunes 8 septiembre (madre)

Estoy cansada y no tengo fuerzas. Llevo un año sin mi marido, seis meses sin mis hijos mayores, y un año y medio sin Josephine. Recuerdo cuando conocí a mi esposo, nos encontramos mientras estábamos refugiados en un bosque buscando agua y ayuda. Mi hermano estaban naciendo, mi madre estaba sola en mi casa conmigo, me había mandado a por ayuda.

Vivía solo, se había convertido en salvaje, la poca ropa que poseía se la lavaba en un arroyo cerca de donde se refugiaba, comía lo que cazaba, algún conejo, pequeños peces del mismo río donde lavaba y alguna que otra baya. Le pregunté si vivía alguien cerca de allí, -el más cercano pueblo está a 60 km, me dijo.

-¿Necesitas algo?

– Mi madre está dando a luz mi hermano pequeño, y yo no sé cómo ayudarla. Me ha mandado en busca de ayuda y agua para poder limpiarse. Le dije algo confusa.

-Nunca he ayudado a una humana, solo a mi perra, que tuvo seis cachorros. Si quieres puedo ayudarla, dijo orgulloso de sí mismo.

Estuvimos un rato mirándonos sin decir nada.

-Mi madre, si no le ayuda nadie va a morir junto con mi hermano pequeño, este chico es nuestra única esperanza, pensé para mis adentros.

Cuando llegamos a casa mi madre ya había empezado. Pierre me prometió que lo haría lo mejor posible, pero que era mejor que esperase fuera.

– Yo te estaré avisando de las novedades, pero es mejor que no lo veas.

Le hice caso, pero las 5 horas se me hicieron eternas. Me dijo que el niño no estaba preparado para salir, había complicaciones. Me fui al pueblo a por hierbas. Mi madre gritaba y sangraba demasiado. Las casas del poblado eran como la nuestra, de madera, espaciosas y con sitio como para albergar a dos refugiados. La plaza del pueblo era espaciosa con el ayuntamiento y el reloj dando la hora, eran las tres de la tarde y sonaron las campanas de la iglesia.

En poblado no encontré las hierbas, compré una gallina para pagar a Pierre.

Al volver me encontré a mi madre yaciendo en su lecho, no había rastro de mi hermano ni de Pierre. Me asusté y mi madre tardó en responder a mis súplicas. Después de todo el esfuerzo casi no podía ni moverse, le costaba hablar, me dijo, lo mejor que pudo, que se había llevado el niño al río a lavarlo. Ahí es donde me los encontré.

Cuando nos casamos Pierre me prometió que no dejaría que ninguna guerra no separara. 

Ahora es él quien se ha ido a buscar a Josephine.

 Viernes 5 diciembre (Eric)

 No siento los pies, ya son dos meses los que llevo en las trincheras. El barro se cuela por las botas empapando los calcetines roídos por los ratones. Hace frío y llueve la mayor parte del día. El fortísimo viento te penetra en los oídos, dificultando así la comunicación con el resto de los compañeros.

Hace 6 meses que me alisté en el ejército para intentar ayudar en la guerra.

Mis dos primeros meses consistieron en un tiempo preparatorio en el que nos enseñaban y entrenaban simulando que estábamos ya en el campo de batalla, de este modo mis compañeros y yo pudimos aprender de los veteranos.

Me gustaría ver a mi familia, espero que sigan bien. Me fui de casa con la esperanza de que esto acabaría pronto no se si va a durar uno o dos meses más, o incluso un año. Lo que quiero es ayudar.

 Domingo 9 enero (yo)

 Son ya casi 6 años los que llevamos en guerra. Seis años en los que hemos sobrevivido. Seis años en los que solo he visto a mis hermanos mayores una semana al año, a mi padre lo trajeron a casa después de haberlo encontrado numerosas veces intentando colarse en las campañas de los oficiales para obtener alguna información de los rivales y algo de alimento. Nunca se rindió por eso cada vez que lo traían se volvía a ir a buscar a Josephine. Bajo amenaza de muerte o incluso llevarse a su mujer, mi madre.

Todas las mañanas al cantar el gallo me visto para poder ir al Ayuntamiento con la esperanza de que Eric haya mandado noticias. De vuelta a casa paso por nuestro gallinero a recoger los huevos del día y a remover la paja, a veces puede llegar a ser un poco monótonos los días. La escuela está cerrada, no podemos salir mucho de casa.

Yo seguiré haciendo lo que pueda hasta que acabe y volvamos a ser un país libre.

 Miércoles 29 marzo (Joséphine)

 He tenido ya dos embarazos. El primero lo perdí. Fue demasiado duro continuar. Llegué a pensar en quitarme la vida. Pensaron que me había muerto en el parto. Las demás mujeres me ayudaron a escapar y me echaron en el montón de desechos.

Me encontraron esa misma noche, cuando al correr tropecé con el arma de un soldado que hacía su turno de guardia. Me llevaron al despacho de sus superiores. Fue gracias a las ganas de volver a casa, lo que mantuvo en pie ante sus burlas, insultos y golpes.

 El segundo nació en febrero. Me lo intentaron robar. Insistí en que un niño debía estar con su madre los dos primeros años. Accedieron pero se negaron a alimentarlo. Nos repartimos la comida que me dan, y a él se la mezclo con un poco de agua.

No sé cuánto tiempo más resistiremos esto. Muchas chicas han muerto de hambre o en el parto con sus hijos. Otras veces fallece un niño al poco de nacer, y no tienen más ganas ni fuerzas, ni le ven sentido a seguir luchando para llegar a casa y encontrarla quemada, vacía, con sus padres quemados y todo arrasado.

 Yo no sé cómo me encontraré mi casa y a mi familia. Puede ser que no ya no vivan, o que hayan perdido toda esperanza de que yo volvería y se hayan olvidado de mí.

 Viernes 20 abril (Pierre padre)

Estoy perdiendo toda la ilusión y esperanza de que algún día pueda llegar a casar con Josèphine. No encuentro comida a diario. He pensado en alistarme en el ejército francés, aunque antes no me hubieran dejado por el problema de cadera que me persigue desde que tengo 20 años. 

Fue un accidente intentando ayudar a mi hermano a arreglar el coche muy pesado. Los instrumentos no funcionaron y el coche volcó, aplastando a mi hermano. Me quedé petrificado, no podía moverme, no me acababa de creer lo que está pasando, finalmente recobré el control sobre mí y pude gritar para pedir ayuda. Conseguimos mover el coche, mi hermano perdió la movilidad total. Yo con el esfuerzo me rompí la cadera.

 Recuerdo cuando vivíamos en paz y en mi taller, donde trabajaba el cuero tenía a mis hijos correteando y jugando, incluso a veces peleando. Me acuerdo de Josèphine intentando hacer un regalo a su madre. Se esforzaba y si le salía mal no se rendía. Seguro que si de mí se tratase y fuera a mí al que tuvieran que buscar, ella no se rendiría. Me  buscaría hasta encontrarme.

¿Acaso no soy yo su padre, capaz de querer tanto a mi hija como para llegar a dar la vida solo para que ella pudiera vivir lo que yo he vivido? para que ya pueda formar una familia, tener hijos, disfrutar como yo he disfrutado de todos los míos junto con mi esposa. 

Jueves 2 octubre (yo)

Hace un mes finalizo la guerra, Éric no podrá volver hasta dentro de un tiempo cuando salga de hospital, a perdido un miembro izquierdo. Papa está al llegar con Joséphine. Hace tanto que no recibía información de mis hermanos que pensé que no lo habían logrado. Pronto estaremos juntos.

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